Este espacio cultural muestra parte de la obra de este joven artista, la cual se sitúa inmersa dentro de diversos campos y estilos artísticos tales como: Escultura Sacra, Figuración Naturalista y Abstracta, Escultura Contemporánea y Obra Profana entre otros.

Tlf:647953837. E-mail: dasegape@hotmail.com

TRAYECTORIA PERSONAL

SEVILLA, Spain
David Segarra es un artista que posee una extensa y profunda formación artística. Realizó estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla. Posteriormente participó en el Programa Comunitario “Becas Leonardo Da Vinci II para jóvenes artistas del Sur de Europa” en la Especialidad de Escultura, en Florencia (Italia), de Mayo a Septiembre de 2001. Obtiene en el año 2003 el TÍTULO DE TÉCNICO SUPERIOR DE ARTES PLÁSTICAS Y DISEÑO EN LAS ESPECIALIDADES DE ARTES APLICADAS DE LA ESCULTURA Y DE LA PIEDRA, en la Escuela de Arte de Sevilla. LICENCIADO EN BELLAS ARTES en el año 2009, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, en las especialidades de Escultura y de Conservación y Restauración de Obras de Arte. Una Formación Académica siempre alternada materializando trabajos por encargos, obra personal en su estudio y labores de colaboración junto a su maestro, el prestigioso Escultor y profesor de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla D. Juan Manuel Miñarro López.

PREMIO EXCMA. SRA. DUQUESA DE ALBA en la LVII Exposición Nacional de Otoño de la REAL ACADEMIA.

PREMIO EXCMA. SRA. DUQUESA DE ALBA en la LVII Exposición Nacional de Otoño de la REAL ACADEMIA.
Duquesa de Alba con el ganador David Segarra y atrás su obra "Amanecer"

Obra: Fraternidad

Obra: Fraternidad
XII Premio nacional de artes plasticas de la Universidad de Sevilla. 2005

miércoles, 8 de febrero de 2017

NUEVA OBRA: MATER DOLOROSA

Titulo de la obra: MATER DOLOROSA Autor: David Segarra (Sevilla) Año de Ejecución: 2016 Técnica: Madera policromada con aplicación de telas encoladas Colección: Propiedad del autor, Sevilla Estilo: Escultura barroca. Escuela sevillana Básicamente, estamos ante una recreación escultórica de la peculiar iconografía de la Virgen Dolorosa que se ajusta al culto estimulado por los ideales del siglo XVII, pero desde el punto de vista de un imaginero profesional del siglo XXI. La Dolorosa fue uno de los temas escultóricos más desarrollados por la plástica española del siglo XVII como consecuencia del gusto por la expresividad dramática y la emotividad.
El estudio escultórico realizado sigue la modalidad del Stabat Mater que se desarrolló especialmente en los Siglos de Oro de la imaginería andaluza, recurriendo a la figura de medio cuerpo de tamaño natural, con aspecto de busto de visión frontal y apoyada sobre una peana, recordando en cierto modo los modelos utilizados en los bustos-relicario barrocos tan frecuentes en España. En este caso la naturalidad del rostro y la gesticulación de las manos unidas proporcionan una gran expresividad emocional de carácter intimista. A ello se une el trabajo de la cabeza según un prototipo más actual, con rostro tocado por hábito monjil que oculta el esbelto cuello, mirada de ojos grandes, nariz suavemente construida, cejas sutilmente constreñidas y boca entreabierta, siempre mostrando un dramatismo bello y atemperado, propio de la escuela andaluza y más concretamente de la imaginería sevillana del siglo XX.
Se puede considerar una obra donde el sufrimiento dulcificado es el protagonista en la imagen de María, en la que se incluyen recursos naturalistas, como lágrimas de cristal, pestañas de pelo natural, pero sobre todo, en la que se aplica un bello tratamiento del naturalismo sutilmente poetizado en forma de unción sagrada. El trabajo de los paños es donde radica la mayor originalidad de la Dolorosa, pues las mangas, el manto azul y la toca blanca marfileña están construidos mediante la colocación de finísimas piezas de lienzo enyesado que atavían la figura de la Virgen y dejan entrever parte de la túnica roja, creando un juego de sutiles volúmenes que adquieren un marcado sentido pictórico en forma de cortes con grandes pliegues, muy efectista ante la incidencia de la luz. Al tratamiento naturalista de la indumentaria se suman las cualidades de la minuciosa policromía. Mientras que los ropajes muestran colores planos habituales en la indumentaria de la liturgia mariana, con túnica color jacinto, manto azul y toca en blanco marfileño, la encarnadura muestra una gran variedad de matices, destacando los tonos nacarados de la piel y los efectos del llanto en los párpados y mejillas enrojecidas. La base esculpida se convierte en soporte sobre el que se realizan labores pictóricas muy refinadas, hecho apreciable en la delineación de las cejas con finas pinceladas para cada pelo.
Finalmente, con esta pieza se cumple un antiguo anhelo por reproducir desde una óptica personal el modelo iconográfico mariano continuador de la escuela andaluza del tipo de Dolorosa creadas especialmente por dos especialistas en imágenes devocionales talladas en madera, como son Pedro de Mena (Granada, 1628 - Málaga, 1688) y José de Mora (Granada, 1642-1724).